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14 de Octubre, 2010 · General

ENTREVISTA A CÉSAR GONZÁLEZ (ex convicto)

"Desde los libros a un proyecto de vida". Entrevista a César González (alias "Camilo Blajaquis").


Entrevista emitida en "Caminos de Tiza", programa de la televisión pública, el 18-09-2010.

http://www.youtube.com/watch?v=AKccew9bA_c&p=0CC2A388365395FA&playnext=1&index=16


Entrevista realizada por Mirta Goldberg a César González, quien purgó una condena de cinco años por un delito cometido cuando todavía formaba parte de las banditas de la villa Carlos Gardel. César pudo salir, en gran parte gracias al afecto de un maestro, quien le hizo conocer la literatura política, a la que se abrazó durante parte de su reclusión. La historia de vida de un chico que con sus 21 años lucha para salir de la exclusión social y la pobreza. Su experiencia en los ámbitos educativos, su paso por la cárcel, sus reflexiones y su resistencia a partir de la lectura y la escritura.


"Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se lo denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación". (Thomas Hobbes)

"Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja". (Haroldo Conti)


"Si a los pibes no le dejamos entrar por la puerta a la sociedad, van a entrar por la ventana, y si no pueden entrar van a romper el vidrio, o la pared". (Alfredo Moffatt, psicólogo social)



¿Dónde naciste?


Nací y vivo actualmente en el barrio Carlos Gardel, que queda en El Palomar. Hasta hace dos años atrás era una villa común y corriente de tantas que siempre poblaron el conurbano bonaerense. Actualmente tenemos casas dignas que llegaron a través del plan de viviendas federal, pero sigue siendo el barrio. Hubo un avance en cuanto a dignidad y en cuanto a bienestar social... el barrio estaba muy roto, muy vacío, muy saqueado. Yo me crié en un contexto bastante difícil.

¿Familia numerosa?


Sí, yo soy el más grande de siete hermanos. Mi mamá es madre soltera, y esa es una realidad muy habitual de los barrios, donde las madres tienen muchos hijos. Es una realidad evidente que uno no puede negar. Pero bueno, digamos que hay muchos obstáculos, ¿no? Ya nacer en un contexto así es un obstáculo de por sí. Pero yo amo a mi barrio: amo la gente, amo la esencia, la cultura de mi barrio.

¿Ibas a la escuela en ese barrio?

Digamos que yo tuve una infancia normal, como tiene un pibe del barrio, de una villa. Uno ya de chico va viendo panoramas bastante difíciles, y todos esos panoramas difíciles se van cargando, se van cargando en el inconsciente. Llega un momento muy difícil y que para mí es decisivo que es el de la adolescencia, donde toda esa carga que viene de la infancia necesita ser descargada: todo eso que está en el inconsciente: de una infancia dura, difícil, triste, necesita explotar. El pibe a los trece o catorce años necesita descargarse de esa realidad. A diferencia del pibe de otra clase social, el pibe de clase baja explota para mal, haciéndose mal a él mismo y a terceros, explota en el delito.

¿Querés decir con acciones más que con reflexión?

Con acciones, sí, pero tampoco podés pedir mucha reflexión cuando no hubo una educación digamos... que realmente marcara la vida de uno. Pero no te digo sólo "ir a la escuela". Yo soy de una generación, con 21 años, que se crió con dos presidencias de Menem; generación que se crió al ritmo de la desocupación, el hambre, la miseria. Digamos que si vos te criaste con ese contexto, es muy difícil que puedas hacer otra cosa de tu vida. Las únicas alternativas que aparecen para los pibes, si no es robar, es laburar en una fábrica en negro, o tener un trabajo de mierda.

¿Y la soledad y no tener con quien hablar e intercambiar también?

Sí, la soledad está, porque es verdad que te sentís solo; pero no te sentís solo adentro del barrio, te sentís solo afuera. Sentís que la sociedad te dejó solo.

Desprotegido...

Sí, exactamente. Excluido no, yo no creo que exista la exclusión, porque excluido del sistema económico reinante no está nadie, nadie está fuera del sistema. Hoy en día, desde la molécula más chica hasta la más grande, tiene un precio, un precio monetario. Así que la exclusión económica no existe. Para mí en los barrios, en las villas, lo que hay y tengo la esperanza que deje de haber es una exclusión cultural, es una exclusión simbólica y una exclusión psicológica. Exclusión cultural porque la sociedad piensa que un pibe de la villa está condenado a ser ignorante y a tener un conocimiento completamente limitado que no le va a dejar progresar.

¿Y qué recuerdos tenés de tu escolaridad? ¿Los maestros confiaban en tus potencialidades, cómo fue esa etapa?

Buena, pero te voy a explicar cuán determinante es el contexto social para un ser humano... hoy en día dejó de ser condicionante: es determinante. Yo de chico era estudioso, me gustaba lengua, la historia, me gustaba aprender. Pero fijáte ya el contexto a los trece o catorce años me mostró la merca, me mostró las armas, me mostró que nunca tuve nada y si salía a chorear podía tener algo, algo material que nunca había tenido.

¿Caminos fáciles?

Yo no sé si son caminos fáciles. Yo no caigo en esa lógica general de decir "ah, caes en la fácil". No sé si es fácil que un pibe de trece años...

Fácil por los resultados rápidos digo...

Sí, pero si vos lo pensás como fácil quiere decir que "ah, al pibe no le importa nada". Cuando sale a robar el pibe está arriesgando su vida y la de otros. ¿Eso es fácil? Para mí eso es muy difícil, es algo que hay que pensarlo profundamente. Eligen lo que les enseñaron, lo que tiene a mano, lo que le ofrecieron. ¿Qué les ofrecen a cambio de enseñar? ¿Cuál es la herramienta que le ofrecieron en su momento?

¿Es difícil decir no?

Es muy difícil, ya te digo.... Por eso quería terminar con la idea de la exclusión cultural y simbólica. Porque si vos te criás con una cultura donde al escuela estuvo quebrada... Durante el menemismo y el gobierno de De la Rúa, la escuela se mantuvo por la buena predisposición de los maestros, por el buen corazón de ellos, que si no hoy, la situación sería aún más desastrosa.

Divorciada de los padres, de la familia.

La familia en una villa está completamente diluida, no hay una contención. La mayoría de los pibes que conozco pasamos por lo mismo: madre soltera, o papá en cana, o era borracho, o lo mató la policía, o quedó paralítico. Hay otro modelo de familia en una villa, de vida y de relaciones. Yo me crié en una cultura donde héroe era el que robó un blindado o el que mató un policía. Héroe no era San Martín o Belgrano. ¡Ojo con la educación! A mí, en la escuela, y por más que haya terminado el secundario estando encerrado, la verdadera sabiduría, el verdadero conocimiento y la verdadera reflexión la traje por caminos independientes a la educación común. La escuela es "2 + 2 cuatro, y el 17 de agosto conmemoramos la muerte de San Martín", nada más. A mí en la escuela no me enseñaron de la Revolución cubana, qué existieron pensadores como Marx o Nietzsche, pensadores que dijeron algo distinto. Yo me tuve que enterar que el Che era argentino porque lo leí un libro, no me lo enseñaron en la escuela.

Entonces no te enseñaron la historia desde los excluidos.

No te enseñan a pensar, pienso yo; a formar una ética. Yo te estoy haciendo un panorama desde mi infancia, pienso que en la actualidad el panorama es más optimista.

¿A qué edad entraste a la cárcel, César?

A mis 16 años recién cumplidos.

¿En la cárcel hay mucho tiempo libre?

No sé... sí, en el sentido de que te obligan a pasar 10 o 12 horas dentro de una celda. Es tiempo reprimido, amoldado, que te manejan otros: la guardia, el juzgado.

¿Y cómo terminaste el secundario?

Porque en una institución de encierro, la escuela está. Los pibes van a la escuela. Yo al pasarme cinco años ahí, aproveché y terminé la secundaria, que me llevó casi cuatro. Son objetivos... yo no te puedo decir, o afirmar, o pensar que la cárcel como mecanismo puede ser un modelo de reinserción o de recuperación. Eso no existe. La cárcel no sirve: si vos entraste mal, salís tres veces peor.

¿Y a vos eso cómo no te pasó?

Yo empecé a pensar, a interrogarme, a buscar razones adentro mío. Empecé a quererme a mí mismo.

Empezaste a interrogarte.

Empecé a interrogarme y empecé a interrogar todo. Empecé a decirme: "ah, mirá vos, a mí de chico me gustaba estudiar. ¿Qué hubiera pasado si hubiese nacido en otro lado, si en lugar de haber nacido en una villa hubiese nacido en un hogar de clase media? ¿Hubiese terminado preso o hubiese terminado la secundaria y la universidad en tiempo y forma?". Pero terminé preso, cometiendo delitos, con seis balazos de la policía, al borde de la muerte... caí preso con 16 años y pesando 50 quilos de la cantidad de cocaína y pastillas que tomaba. Digamos que hubo un momento en el encierro que yo dije "o me resigno a que mi vida pase por un penal, o a que la policía me mate tempranamente, o me aferro a creer que puedo hacer otra cosa... pero me aferro con todo, con todo".

¿Y todo eso fue solo o recibiste ayuda?

No, no. Solo no se puede, es empíricamente imposible. El ser humano solo creo que no puede hacer nada. Yo estuve en cuatro institutos de menores y en dos penales: nada por dentro de lo institucional me ayudó a cambiar como cambié. A mí me ayudó una persona que iba a dar un taller voluntario de magia, que lo conocí en el Instituto Belgrano cuando yo llevaba más de un año y medio de encierro... Lo que me llamó la atención, lo novedoso, lo que apareció en mi vida y sin lo cual no creo que hubiese cambiado es que él daba magia y nos hablaba de la vida y obra de gente como Rodolfo Walsh, de Jorge Masetti, de filósofos como Michel Foucault, J. P. Sartre. Al principio lo mirábamos como diciendo "de qué habla este loco", y daba el taller de magia adentro del pabellón.

Pero era también casi un taller de lectura.

Era un taller de... era un taller de amor para mí. Era alguien que nos traía afecto cuando para todos éramos... y los pibes son monstruos sociales, son personas malignas por naturaleza; él venía y nos decía que estábamos ahí porque éramos consecuencia del sistema, que no éramos malos. Nos abrió la cabeza, y a mí me la abrió de tal manera que hasta el día de hoy se sigue expandiendo, ¿me entendés?

Y una vez que se abre no para más, ¿no?

Una vez que la venda se cae de los ojos, o no parás más o te hacés el boludo de lo que viste y llevas una vida de farsante, como hacen muchos.

¿Él te llevó libros?

Sí, él fue el primero que me acercó un libro realmente que me interese. Porque me habían alcanzado libros anteriormente: desde la escuela... Un defensor de un juzgado que tuve me acercó un libro de Borges y Bioy Casares, pero leía una página y me aburría, me cansaba la vista.

¿Cuál fue el primer libro que recordás que te atrapó?

Yo el primer libro que recuerdo me dio él fue "De Ernesto al Che", que lo escribe Calica Ferrer, quien fue compañero del segundo viaje -el definitivo- del cual el Che no volvió más hasta que hizo la revolución.

¿Y esa historia de vida te conmovió?

Dije "ah, el Che no es solamente una remera, una banderita: nos dejó un legado, una obra, una enseñanza". Y empecé a leer frases como "hay que sentir cada injusticia como propia", o "el verdadero revolucionario tiene que estar ligado por el sentimiento de amor". La palabra capitalismo, que a mí me sonaba... no sé, la habré escuchado por ahí pero no tenía la más pálida idea del significado.

Entonces los libros, las lecturas, te iban planteando nuevas preguntas.

Sí, y me estaban mostrando algo nuevo en mi vida que me hacía sentir bien. Porque yo me sentía muy mal conmigo mismo... sentía mucho odio hacia mí mismo y hacia los demás: hacia la sociedad, los jueces, los fiscales.

¿Resentimiento?

Un gran resentimiento que quería materializarlo en sangre: "el día que salga voy a seguir robando porque odio la sociedad por terminar acá dentro". En cambio conocer a mi amigo Patricio, conocer la lectura, abrir mi cabeza, me ayudó a empezar a transformar ese resentimiento en arte, poesía, reflexión.

¿Y cuando leíste ese primer libro que tanto te impactó, el de la vida del Che, había obstáculos que encontrabas en la lectura o no?

Sí, más vale, las limitaciones de toda persona que está empezando a leer y no lo tenía como hábito. Creo que el primer libro me habrá llevado como tres meses... a lo primero leía dos páginas por día, como máximo. Después fui progresando y, estando encerrado, a los libros me los comía.

¿Vos sentías que a medida que ibas leyendo, cada vez eras mejor lector?

Sí, cada vez iba conociendo más palabras, incorporando términos, iba al juzgado e incorporaba otro léxico. Empecé a incorporar, incorporar, a decirme "bueno loco, acá tengo vida, acá hay un camino".

¿Eso te llevó a bifurcarte en distintos géneros literarios?

Sí, porque en un comienzo fue paralelo al camino de mi amigo. Todo libro que leía él me los pasaba a mí. A lo primero leíamos Rodolfo Walsh, Masetti, la historia del PRT-ERP, los montoneros, la lucha armada en la Argentina, la lucha armada en otros países. Llegó un momento en que eso nos agotó, y empezamos a profundizar. Al principio dije "me voy al ensayo político", y después no quería (ni quiero) frenar en nada, en ningún concepto: el marxismo, literatura fantástica, la novela, literatura anglosajona... no todos los yanquis son capitalistas y malas personas... En los Estados Unidos existió Hemingway, Bradbury, Edgard Allan Poe; en Inglaterra también hubieron grandes escritores: Oscar Wilde (Aclaración: Wilde es irlandés, no inglés)...

¿Y esos libros siempre llegaban de la mano de tu amigo?

Sí, en un comienzo sí; durante un año o año y medio. Luego vinieron de otros lados.

Paralelamente con esas lecturas ibas haciendo la secundaria.

Paralelamente hacía la secundaria, paralelamente seguía viviendo con los pibes, paralelamente seguía siendo un tumbero más. No es que porque yo empezaba a leer salía y le decía a los pibes "chicos, la verdad que me di cuenta que hay que ser sensible". No, había que sobrevivir, porque la cárcel es un lugar de mierda, súper hostil, súper difícil, súper doloroso: pasás hambre, la requisa te caga a golpes dos o tres veces por semana, o en los institutos te inyectas para que duermas y no molestes, o en un penal te viven quebrando los huesos porque "ah, no podés abrir la boca". Digamos que yo leía de noche.

La literatura te atrapaba, y a la vez: ¿contagiaba a quienes te rodeaban?

Algunos se han contagiado, pero no con la potencia que me contagié yo. Eso no lo puedo desconocer. He hecho circular un montón de libros. Para mí era un súper logro invitar a otros pibes a que lean.

¿Y los profesores que tenías en la secundaria, hiciste algún vínculo?

Sí, hay vínculos que sigo manteniendo hasta el día de hoy... para ellos era muy importante. En algunos, en los sensibles: los que iban por ayudar, y no los que iban simplemente a buscar un sueldo. De los profesores sensibles yo tengo un muy buen recuerdo, porque cuando yo empecé a leer, primero generó una sorpresa y muchos se conmovieron, o dijeron "guau, al fin uno". Pero yo era muy crítico una vez que empecé a pensar adentro de la cárcel... y así me fui: me han roto los huesos muchas veces. Eso me pone orgulloso, aunque en su momento fue triste hoy miro para atrás y puedo estar sanamente orgulloso.

A ver, hablamos de libros de ensayo, libros de política, de la novela... ¿y con la poesía qué te fue pasando?

Empecé con el ensayo, seguí con la literatura fantástica... y la poesía surgió empezando a ponerle letra a lo que estaba surgiendo en mi cabeza. A lo primero, no te voy a negar, escribía "la casa eh... la celda sucia y el empleado con su traje negro", o si no la rima, no podía escaparle a la rima: "quiero rimar para así poder cargar, después escoger", y no podía escaparle. Pero me sentía bien, era una escritura novata, pero me hacía sentir bien como persona.

Y a medida que leías poesía, ¿sentías que tu escritura era más valiosa?

No, yo no soy un gran escritor de poesía, no soy un gran conocedor del estilo. Conozco algunos autores que para mí fueron fundamentales: por ejemplo Oliverio Girando.

Bueno, ¡casi nada!

Leyéndolo dije "ah, no tiene que tener una estructura el escribir, no hay que seguir necesariamente un orden". Oliverio hizo un quilombo bárbaro con las palabras, fue un revolucionario de las palabras, fue un rebelde. Me dio libertad. A lo primero estaba limitado por querer caer bien con lo que escribía, una vez que entendí eso no me importó más caer bien. Otro ejemplo fue Nietzsche. Ahora soy admirador de las letras del Indio Solari... me gusta García Lorca, Neruda. Dentro de lo poco que sé me gusta eso.

Enlaces:

Blog de César González
http://www.camiloblajaquis.blogspot.com/

publicado por rodrigoh a las 19:00 · 1 Comentario  ·  Recomendar
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